El origen de los virus: nuevas claves para entender su lugar en el árbol de la vida

Hace poco más de un mes se publicó un paper sobre unos de los temas que nos obsesiona: el origen de la vida. En este trabajo que hoy resumimos, los autores plantean una reevaluación de los orígenes de los virus y su posición evolutiva en el árbol de la vida. Porque… ¿los virus están vivos?

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2/25/20263 min read

alerta virus origen de la vida
alerta virus origen de la vida

Cuando pensamos en el origen de la vida, solemos imaginar un árbol: un tronco común (LUCA) del que brotan Bacterias, Arqueas y Eucariotas. Pero los virus siempre han quedado fuera de ese dibujo. No encajan bien porque no tienen ribosomas, no generan energía y dependen de otros organismos para replicarse. Durante décadas se les ha tratado como “parásitos genéticos” más que como actores evolutivos.

Este artículo propone revisar esa visión, no con el objetivo de convertir a los virus en un “cuarto dominio”, sino para entender que su historia evolutiva es tan profunda y entrelazada con la de las células que excluirlos del Árbol de la Vida es, en realidad, una simplificación excesiva.

Por un lado, la biología molecular ha ido desmontando el modelo clásico de tres dominios. Hoy sabemos que los eucariotas surgieron dentro de Archaea, probablemente a partir de linajes tipo Asgard. Esto ya complica el árbol, pero los virus lo complican aún más:

  • No comparten genes universales.

  • Intercambian material genético con todos los dominios.

  • Sus orígenes parecen múltiples, no únicos.

En otras palabras: si el árbol de la vida es un árbol, los virus son raíces, ramas, injertos y hongos micorrícicos a la vez.

Entonces, se plantean los autores, ¿de dónde vienen los virus? Se contemplan tres hipótesis y ninguna basta por sí sola. El artículo repasa las tres grandes ideas sobre su origen:

  • Regresiva: los virus serían descendientes de células que perdieron complejidad.

  • Escapista: surgirían de fragmentos genéticos que “escaparon” de células.

  • Virus-first: serían más antiguos que las células, restos de un mundo prebiótico.

Cada una explica una parte del puzzle, pero ninguna encaja por completo. La conclusión es que los virus son quiméricos. Es decir, combinan genes ancestrales con genes capturados de sus hospedadores a lo largo de miles de millones de años.

Además, los virus gigantes (Mimivirus, Pandoravirus, etc.) son la prueba viviente de que la frontera entre virus y células no es tan nítida como creíamos. Estos virus poseen genomas enormes, con genes que antes considerábamos exclusivos de organismos celulares como los encargados de la reparación de ADN, las proteínas chaperonas (cuya función es la de ayudar al plegamiento de otras proteínas recién formadas en la síntesis de proteínas), aminoacil-tRNA sintetasas (son enzimas esenciales que catalizan la unión de aminoácidos a sus correspondientes moléculas de ARN de transferencia (tRNA), desempeñando un papel crucial en la síntesis de proteínas), e incluso tienen sistemas defensivos tipo CRISPR.

El genoma de los virus gigantes es un mosaico de orígenes diversos, y, filogenéticamente, algunos se agrupan cerca de los eucariotas cuando se analizan genes como RpoB. Esto no significa que sean “protoeucariotas”, pero sí que han coevolucionado intensamente con ellos.

Uno de los puntos más fuertes del artículo es la idea de que los virus no son meros pasajeros: son agentes evolutivos activos, motores de transferencia genética. Se destacan los siguientes puntos para validar esa afirmación:

  • Mueven genes entre bacterias, arqueas y eucariotas.

  • Integran fragmentos del genoma de sus hospedadores.

  • Han dejado huellas profundas en linajes completos (retrovirus endógenos en vertebrados, por ejemplo).

  • En algunos grupos, como Nucleocytoviricota, el intercambio genético es masivo.

Esto convierte la evolución en una red, no en un árbol.

El análisis filogenético del artículo, centrado en RpoB, muestra que los virus no forman un clado único ni un dominio separado, pero tampoco son elementos externos. Los virus son parte del sistema evolutivo, aunque no encajen en las categorías tradicionales.

La propuesta final es clara: el árbol de la vida debe reinterpretarse como una red evolutiva reticulada donde los virus son nodos esenciales, no apéndices.

En resumen, los virus no son “no vivos” ni meros parásitos. Son participantes fundamentales en la historia de la vida, con orígenes múltiples y una influencia decisiva en la evolución de todos los linajes celulares.

https://doi.org/10.1007/s10482-026-02258-1

Aprovechando la publicación de este artículo, os dejamos uno de nuestros vídeos sobre el tema. Nos encantaría que nos dejarais un comentario sobre el tema.