El huevo de cocodrilo más antiguo de Australia y lo que revela sobre los mekosuquinos del Eoceno
Hoy nos hace mucha ilusión resumir el artículo firmado por nuestro amigo Xavier Panadès, que aceptó colaborar con nosotros dando una charla en la que presentó, precisamente, algunas de las conclusiones derivadas de su estudio sobre los huevos de cocodrilo del Eoceno australiano.
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2/14/20263 min read


El artículo presenta y analiza los fragmentos de cáscara de huevo de cocodrilo más antiguos conocidos en Australia, procedentes del Eoceno inferior del yacimiento de Tingamarra, en Queensland. Estos restos, hallados en la llamada “purple layer”, permiten describir un nuevo ootaxón, Wakkaoolithus godthelpi, cuya microestructura revela rasgos inéditos dentro de los huevos fósiles de cocodrilomorfos. El hallazgo es especialmente relevante porque el registro fósil de los mekosuquinos —un linaje extinto de cocodrilos endémicos de Australasia— es abundante en huesos, pero prácticamente inexistente en lo relativo a su biología reproductiva. La presencia de estos fragmentos abre una ventana excepcional a su ecología reproductiva y a su evolución dentro de Crocodylia.
El yacimiento de Tingamarra, datado en unos 54,6 millones de años, corresponde a un ambiente lacustre o pantanoso que preservó una fauna muy diversa: mamíferos tempranos, aves, serpientes madtsoiidas, ranas, tortugas y, de forma destacada, dos especies de cocodrilos mekosuquinos: Kambara murgonensis y Kambara implexidens. Dado que no se conocen otros cocodrilos en este nivel estratigráfico, y que incluso se han recuperado restos craneales de crías atribuibles a Kambara, los autores consideran que la explicación más parsimoniosa es asignar el nuevo ootaxón a este género. Aunque no es posible determinar si los huevos pertenecían a una o a ambas especies, la asociación faunística y la abundancia de restos de Kambara hacen muy sólida esta interpretación.
La descripción microestructural de Wakkaoolithus godthelpi muestra una cáscara de grosor variable (200–470 μm), compuesta por tres capas bien diferenciadas. Las unidades trapezoidales son tan anchas como altas, un rasgo poco común entre los crocodylomorfos. Los intersticios se concentran únicamente en el cuarto inferior de la cáscara, lo que confiere al conjunto un aspecto compacto. La capa externa presenta una marcada laminación horizontal y una ultrastructura tabular “en forma de libro”, visible tanto al microscopio óptico como al electrónico. La superficie externa está suavemente ondulada y carece de ornamentación, aunque muestra signos de meteorización. No se han conservado canales de poros, probablemente por alteración diagenética.
La comparación con otros ootaxones de Krokolithidae revela que Wakkaoolithus combina rasgos únicos con otros compartidos con aligatóridos actuales. Esta mezcla de caracteres plantea cuestiones interesantes sobre la evolución de la microestructura del huevo en Crocodylia. Algunas similitudes podrían representar rasgos plesiomórficos, mientras que otras podrían deberse a convergencia ecológica, especialmente si los mekosuquinos empleaban estrategias de nidificación o ambientes similares a los de ciertos aligatóridos modernos. Sin embargo, los autores advierten que la variabilidad microestructural dentro de un mismo huevo y entre especies actuales es todavía poco conocida, lo que limita las inferencias filogenéticas.
Desde el punto de vista paleoecológico, los fragmentos de cáscara sugieren que Tingamarra pudo funcionar como un área de nidificación de Kambara. La ausencia de señales de degradación microbiana —habituales en huevos de cocodrilos modernos debido a la actividad del nido— podría indicar incubación en condiciones relativamente secas, menor actividad microbiana o incluso estrategias reproductivas distintas a las actuales. El tamaño relativamente grande de los fragmentos y la falta de abrasión apuntan a un transporte mínimo antes del enterramiento, lo que refuerza la idea de un origen local y de un enterramiento rápido en condiciones anóxicas.
En conjunto, el estudio no solo define un nuevo ootaxón, sino que aporta información inédita sobre la reproducción de los mekosuquinos tempranos y sobre la diversidad estructural de los huevos de cocodrilos. Además, subraya la importancia de Tingamarra como ventana excepcional a los ecosistemas del Eoceno australiano y como uno de los pocos lugares donde es posible vincular directamente restos esqueléticos y oológicos de cocodrilos fósiles.
